domingo, 29 de mayo de 2016

LA COLUMNA DEL STRIPPER - DIOS Y LA GUERRA

LA COLUMNA DEL STRIPPER
Esteban Blandón


    La guerra está dentro de mí; es con mi Yo con quien deseo librar esa lucha y no con el tirano al que denominan Dios.

    Yo era un rebelde en el mundo antes de saber que existía el anarquismo individual, y acaso parecía un filósofo al creer que la ambición, la venganza, la crueldad, eran parientes de Dios y de la guerra.

    Tampoco le temía a Dios; a lo sumo, como Saadi el poeta persa, le tenía pánico a aquellos que le temen a la verdad de Dios, pues en nombre de esa mentira, se han cometido los más notables crímenes precedidos de las más grandes y aberrantes injusticias.

    ¿Acaso la guerra sea atacar al que piensa lo contrario y hacerlo en nombre de Dios?, me  preguntaba siendo aún un imberbe mientras cumplía con mis deberes como ciudadano, sin saber que empuñando un arma podría hacerme discípulo de la guerra y con una bala matar a ese mismo dios.

    No es fácil comprender que el hombre encarne a Dios y a la misma Guerra.
    El enemigo es aquel que ejerce la libertad de pensamiento y obra en nombre de la razón.
El justo siempre será aquel que gobierna en nombre del dogma y de sus propios intereses. La autoridad de Dios, es la autoridad del Tirano. Su omnipotencia, su omnisciencia y hasta su heroísmo, es decir, aquella excitación extraordinaria de los posesos, como los llamados salmistas que reciben la unción del Mesías: su delirio.

    Según los informes de la sicología clínica, el delirio sería una enfermedad propia de Jesús, a saber: egolatría, ideas sublimes y desproporcionadas, alucinaciones, manía persecutoria, perturbación de la razón, es decir, manifestación de pasiones que, como en  el caso de los dictadores (suspicacia, agresividad) encarnan la figura del más grande embustero y que a veces parece un anarquista.

    Pero no olvidemos que la verdadera causa del anarquista –no del anarquista político sino filosófico– es el Yo individual. Por esa razón, a los únicos que le hace la guerra es a los acervos llamados Estado y Dios, y la hace desde su causa, es decir, el Yo, que es su única causa. Aun así, el anarquista no se subordina ni ante su propio ser, y como muy bien nos lo dice el pensador y anarquista Manuel González Prada en su extraordinario discurso sobre la Anarquía, esta propende, insoslayablemente, por el bienestar y una ética individual.

    Al menos si la guerra la hicieran las naciones para defender la soberanía de sus ciudadanos y su derecho a la propiedad, cada uno de nosotros empuñaría un arma haciendo valer ese derecho que las leyes constitucionales nos ofrece como ciudadanos. Pero, ya que hay hombres tan miserables que no son ni siquiera dueños del suelo que pisan ni del pedazo de asfalto en el que duermen, al menos dejémosle a ese hombre ser dueño de su Yo, que ese hombre, en su emancipado pensamiento, sabrá siempre de la justo y de lo injusto, mientras la desgracia no sea un tirano que acuchille su libertad.

    Sin la Guerra, para qué la Paz; sin Dios, para qué el Hombre; esto lo digo porque nos han demostrado que es más importante la guerra (propiedad) que la paz, y Dios (autoridad) que el hombre.

    Hoy sabemos de un Dios que se hace a sí mismo: el miedo; sabemos también de un embuste que gobierna a los hombres: la ambición; el despotismo del primero, y la necedad del segundo, hacen la guerra.

    La guerra, de la que los únicos beneficiados son los poderosos, los fabricantes de armas, los dueños de las fronteras, los reyes del mundo, y ese gran tirano frente al que la ignorancia se hinca, el despotismo bendice y la arrogancia apellida: Dios.


domingo, 22 de mayo de 2016

LA COLUMNA DEL STRIPPER – FACEBOOK Y EL INDIVIDUALISMO


LA COLUMNA DEL STRIPPER
Esteban Blandón


    ¿Para qué sirve el Facebook, aparte de subir fotos y que los demás le den “me gusta”? me decía hace poco un amigo. Bueno, eso depende del grupo de amigos al que pertenezcas, le dije. Lo que sí es cierto, es que hay una tendencia, entre quienes buscan hacerse populares vendiendo su imagen a través de fotografías -las más de ellas repetitivas y monótonas- a hacer pública su vida como si se tratara de un reality, en esa carrera por ganar popularidad en el Facebook.

    Pero antes de entrar en materia, conozcamos un poco acerca de la historia de Narciso.

    Cuenta la leyenda que Narciso, ante la imposibilidad de amar a otros a quienes desprecia, es castigado a permanecer contemplando su propia imagen reflejada en un estanque, de la que se enamora ciegamente. Entre las muchachas heridas por su amor estaba la ninfa Eco. Para castigarlo, Némesis, la diosa de la justicia, hizo que se enamorara de su propia imagen reflejada en una fuente hasta caer y morir ahogado.

    Una personalidad narcisista, tiene una necesidad excesiva de admiración y afirmación.

    Basado en esa tendencia, que como todo lo excesivo ha de tener su aspecto negativo y también positivo, hago un breve análisis de algunos de esos aspectos.

    El primero de ellos es la imagen. En esa lucha por ganar más seguidores, está la tendencia, entre los jóvenes, a ejercitar cada día más su cuerpo en la búsqueda de un cuerpo fitness. Esto implica un estilo de vida que redunda en una imagen saludable y hermosa. Criticable, pero admirable. Es como la teoría del individualismo: lo malo, el egoísmo; y eso no puede ser saludable, como dirían los críticos de Stirner. Bueno, algunos han terminado amando a un perro. Total; cada cual es libre de amar a quien le dé la gana; tal vez la generación del Facebook ha terminado por amarse demasiado a sí misma.

    Hace poco leía en un artículo que las fotos sexis de las famosas han terminado por hacerles un daño terrible a las mujeres. Lo más seguro es que esas mujeres no tengan una cuenta en Facebook. Hay otras, como la que escribe en su nombre de perfil: Dios y Madre, que lo utilizan para poner de manifiesto el gran amor que sienten por sus hijos.

    En cuanto a los espejos, pareciera como si se hubieran creado, en la era de las redes sociales, para aquellos gomosos que se la pasan tomándose selfis en cuanto reflector encuentran. Yo no le veo nada de malo a esto, aparte de la falta de creatividad de los adictos a las selfis. En cambio, lo bueno de todo esto, es la democracia de los espejos; ah, y la buena imagen que frente a ellos, todos podemos tener de nosotros mismos. Ya saben, Lo importante no es lo que proyectan los espejos, sino lo que proyecta nuestra mente; aunque, en muchos casos, lo que importa no es como nos percibimos sino cómo nos ven.

  
    Pero no quiero terminar este artículo, sin hacer alusión a un tema que me apasiona y del que las redes sociales han sido una fuente fecunda en este género: hablo del aforismo.

    Alguna vez lo dije: un aforismo, es lo que uno escribe, cuando piensa; y el que piensa para sí mismo, está construyendo una verdad; y esa verdad es la que importa, nos dirá el empirismo lógico.

    Por eso, más que como un medio de comunicación, el Facebook ha cobrado simpatía entre sus usuarios como un medio de expresión. Solo basta leer los aforismos (frases y pensamientos, porque eso es lo que son), que escriben todas las personas que tienen una cuenta en esta popular red social. Cada uno construye una verdad y la comparte; esa es la democracia del pensamiento que tanto soñamos los librepensadores, y de la que nos hace participes las redes sociales.

    En cuanto a los temas, son tan diversos como los pensamientos filosóficos de da Vinci, la sátiras de Swift o los epigramas de Oscar Wilde, todos ellos rebosantes de lucidez e ironía. Los que más me gustan, son los optimistas; además de los realistas e individualistas. En este último tema, los feisbuqueros son todos unos maestros.

    En ninguna parte dice que yo no puedo construir mi propia verdad. Sólo en las leyes que rigen la moral, el estado y la sociedad, no soy dueño de mi cuerpo y es pecado proclamar el triunfo del yo.

    No deseo hacer de esta columna una tribuna para defender el individualismo a ultranza y mucho menos propagar el narcisismo del que tanto me ufano, pero aplaudo a aquellos que después de dos años de intenso sacrificio en el gimnasio, han moldeado su cuerpo hasta lograr la selfi que siempre han soñado; también a aquellos que un día despertaron escuchando la voz de su yo e hicieron de una premisa, una verdad.

    En conclusión, las redes sociales han venido a ser como un monumento a la democracia en la era de las comunicaciones, pero también, la ironía más grande, ya que en la era de las masas, el individualismo cada día cobra más fuerza.