lunes, 27 de junio de 2016

A PROPÓSITO DEL PROCESO DE PAZ - LA COLUMNA DEL STRIPPER

LA COLUMNA DEL STRIPPER
Esteban Blandón

     Colombia es un país de gramáticos no de boxeadores, nos dirá Vargas Vila por allá en 1920. De espíritu combativo y militar, le dijo al mundo Juan Montalvo en sus Catilinarias como si anticipara el nacimiento del panfletario.

    Panfletario al que yo llamo: el más grande guerrillero que ha dado Colombia en toda su historia; ideológico, desde luego.

    Esto a raíz de la derrota de nuestro equipo en la semifinal de la Copa Centenario. Los comentaristas siempre tendrán un mejor planteamiento táctico a la hora de imaginar cómo se ganan los partidos. No esta demás anotar que nuestra selección derrotó a Estados Unidos, el país anfitrión, en el juego disputado por el tercer lugar.

    Cambiando de asunto, me ocuparé del tema que hoy tiene de plácemes al señor Juan Manuel Santos, presidente de la república de Colombia.

    La firma del acuerdo con la guerrilla de las FARC sobre el fin del conflicto en Colombia. Lo pactado: cese al fuego bilateral y desarme del grupo insurgente.

    Pero inmediatamente me surge una pregunta: con quiénes está negociando el gobierno: ¿con un grupo guerrillero que planea entregar las armas o la más grande y poderosa banda de narcotraficantes del mundo?

    Si es con quienes no he dejado de imaginarme, me veo en la obligación de llegar a este punto en mi razonamiento.

    ¿Acaso existe un estatuto en donde se diga que uno que se llame revolucionario o guerrillero debe estar cobijado por la inmunidad que le otorga el hecho de ser un disidente frente a los demás insurgentes o criminales como en el caso de Pablo Escobar?

    Me parece patético que un criminal de la talla de Timochenko no sea judicializado como lo que es. Por eso no deja de ser interesante recordar en estos momentos el prontuario de delitos del máximo jefe de las FARC, el cual comprende gran cantidad de actos delictivos, tales como el secuestro, terrorismo, homicidio, rebelión, reclutamiento de menores, hurto calificado, daño en bien ajeno, narcotráfico, extorsión, conspiración, sedición, concierto para delinquir, entre muchos otros.

    El máximo comandante en jefe del grupo guerrillero también presenta 117 órdenes de captura por parte de las autoridades colombianas. Por otra parte, el guerrillero ha sido condenado a prisión por varios jueces judiciales, en contra de múltiples actos violentos. Todas las condenas de Timochenko suman 178 años: una condena de 34 años por el ataque contra el municipio de Gigante, Huila, otra sentencia de 25 años por el asesinato a monseñor Isaías Duarte Cancino, otra condena de 27 años por el secuestro de una ex congresista en 2001, otro fallo en su contra por el cual le imputaron 40 años, luego de perpetrar un atentado en 1998 contra una base militar de la Región Orinoquía, una sentencia de 14 años por el reclutamiento de menores de edad, sentencia dictaminada por La Corte Penal Internacional a mediados del mes de julio de 2012, y una última pena de 38 años por el asesinato de Consuelo Araújo Noguera.
    Timochenko presenta una circular roja por parte de la INTERPOL, y es buscado por el gobierno de los Estados Unidos, el cual ofrece una suma de 5 000 000 de dólares por su captura.

    Hablando un poco acerca de lo que sucedió en La Habana, Cuba, (23 de junio de 2016) esta boutade del presidente santos de “la paz se hizo posible, ahora vamos a construirla”, me recuerda al viejo tendero que le dice al delincuente: “siga delinquiendo pero no vuela a asaltar mi negocio; confío plenamente en que algún día usted dejará de delinquir”; y la de Timochenko cuando dice: ‘Claro que haremos política; esa es nuestra misión de ser’, no es más que un viejo discurso de disco rayado que en nuestros días parece un sofisma de distracción. ¿Y porque no la han hecho, pregunto yo?

    Hay una razón en especial por la que ese propósito no ha sido una realidad: el narcotráfico ha sido y es para ellos una excelente fuente de ingresos, además de permitirles vivir en la ilegalidad como el grupo guerrillero que todavía se cree que es.

    Tampoco se han constituido como movimiento político, pues financiarlo con dineros del narcotráfico, aun en un grupo guerrillero al que se perdona, o se le da estatus político, es ilegal.

    Cualquiera que se llame insurgente diría que lo mejor que le pudo pasar a las FARC fue la muerte del capo colombiano. Ellos asumieron gran parte de la producción de la droga que se comercializa en el mundo, y su reconocimiento como grupo revolucionario les ha permitido evadir las leyes que rigen para ese tipo de actividad ilegal.

    ¿Acaso el gobierno estará pensando que con el reconocimiento político las FARC se darán por satisfechas?

    La guerrilla es un grupo insurgente y terrorista, cuya ideología comunista nada tiene que ver con la realidad de un país anarco-capitalista como Colombia. El burgués anarquista que impera en un sistema capitalista, nada tiene que ver con el anarquismo como concepto filosófico, pues, el único anarquismo que puede triunfar es el anarquismo individual; y el único que verdaderamente existe.

    De alguna manera firmar un acuerdo de paz con un grupo narcoterrorista, es como aceptar la incapacidad para derrotar la delincuencia; esa parece ser la opinión de partidos opositores a los que no les doy la razón pero comprendo. Sólo queda confiar en la buena voluntad de las FARC.

    Cesan los enfrentamientos; ¿y el tráfico de drogas?  Acaso el próximo paso será legalizar el tráfico de narcóticos. No nos olvidemos que las FARC son un grupo narco-terrorista. Santos le llama grupo guerrillero; Uribe: terrorista. Recuerdo cuando prestaba el servicio militar por allá en el año 1999, la manera cómo se anunciaban los delitos de este grupo guerrillero en las publicaciones del ejército nacional, llamándolos: la guerrilla de las FARC, grupo N-T.

    La otrora guerrilla que quería tomarse el poder es más un mito que una realidad. Más fácil se soluciona el conflicto el día en que este país legalice la droga; ese día se acaba la guerrilla. Claro, eso no lo dice Timochenko ni lo piensa el gobierno; pero es la menos descabellada y utópica de las soluciones.

    Lo que sí es claro, es que la lucha contra el narcotráfico no la gana ningún gobierno porque esa lucha es una lucha de intereses económicos y no de poder político. La lucha que se libra es a muerte, pues quien se lucra con esta actividad, no tiene ningún interés aparte del interés particular.

    Suponiendo que el siguiente tema fuera la fortuna de las FARC, ¿hasta dónde creen ustedes que el señor Timochenko estaría dispuesto a declarar la fortuna de su movimiento, y en el caso de ser posible, contribuir con ese dinero para que los bienintencionados propósitos del gobierno sean una realidad?

    Por simple diplomacia no se deben dejar de tocar algunos temas ni de poner sobre la mesa algunas verdades.

    Yo sinceramente desconfío de la honestidad de las FARC; nada hay en los discursos de Timochenko que nos haga pensar que la realidad va a ser diferente en un futuro cercano para Colombia. Dichos diálogos no están más que llenos de buenas intenciones: las idealistas promesas de Santos y las advertencias izquierdistas de Timochenko.

    Así, Santos no debería estar anunciando logros que no son más que promesas de burgués mesiánico. A veces parece un adolescente ricachón al que le han prometido un Lamborghini una vez cumplida la mayoría de edad, mientras recrea los paseos tan espectaculares que tendrá con sus amigotes. Enumerar los beneficios de la paz en un discurso lleno de esperanzas, no pasa de ser una vana ilusión de político en campaña por el premio nobel de Paz.

POSDATA
    Dejo como constancia el hecho de que en el portal Wikipedia, a un par de horas de haberse firmado el acuerdo bilateral de cese al fuego, se hace alusión al día 23 de junio de 2016, como un día histórico para las partes en conflicto. Y finaliza diciendo: este acuerdo se firmó en La Habana, Cuba, después de casi tres años diálogos.

domingo, 19 de junio de 2016

EN EL DÍA DEL PADRE - LA COLUMNA DEL STRIPPER

LA COLUMNA DEL STRIPPER
Esteban Blandón


    Dice que en la literatura hay que matar siempre al padre y odiar a la madre.

    Probablemente esto solo le suceda a algunos maniaco-depresivos para los que la existencia de las normas no es más una forma de despotismo.

    Cuando el padre es un tirano, la madre, no es más que una esclava; y los hijos, son los que dan sentido a ese gobierno de despotismo en el que se convierte el hogar.

    Así mismo pareciera que algunos hombres solo se casan para darle vida a esa misión histórica de ser el amo, el rey, el jefe, el Dios.

    ¿Y cuántos padres en la historia no han hecho de Dios? ¿En cuantos de nosotros el padre ha sido lo único que nos ha quedado en la vida?

    Y se fue mi padre, se alejó mi padre para siempre, y entré en la orfandad… y tuve la primera visión de la muerte, nos cuenta Vargas Vila en su desfile de visiones.

    Si para nuestro genio la madre era su Dios, el padre fue su Héroe.

    Tal vez recuerden al niño de La vida es bella para quien no hay sueños imposibles sino realidades paradójicas. ¿Y todo esto gracias a quién? Al héroe que encarna Benigni en su extraordinario papel de padre para quien lo único que realmente importa es la felicidad del niño personificada en su inocencia.

    Así como en el filme de Benigni y el recuerdo fragmentario de Vargas Vila, así mi padre también resulta ser un héroe; él personifica la lucha por la supervivencia; el trabajo honrado, la sabiduría de un espíritu liberal, la mística del verbo, el amparo de un director de conciencias, el a veces caprichoso despertar a la realidad, la leyenda del caudillo en esa búsqueda de preceptos que hagan más eximia la democracia.

    Hay padres que enloquecieron, como Tolstoi; expatriados que regresaron, como Hugo, homosexuales que callaron, como Mann.

    También están los padres de la iglesia; san Agustín y sus confesiones; pecador y converso; los padres de la ética, de la estética y de la lógica.

    También los hay del más excesivo (absurdo) absolutismo. ¡A qué nombrarlos! La historia ha consagrado sus nombres.

    Más allá de las ideas (o hijos) a las que consagraron sus vidas, todos tiene algo en común: su lucha. Una lucha de grandezas y propósitos, muchos de ellos desmesurados.

    Tal vez un hijo no sea una patria, un imperio, o un ejército de tropas marchando al grito de guerra del gran tirano; pero siempre será el más grande regalo del universo, del que un padre es la mitad de su esencia.

    Ciudadano del mundo, del que su numen es ese germen de propósitos en que nos convertimos al pasar de los días.

    Un día somos su más grande orgullo; cuando no, su más grande error.

    Y así se completa la historia de los que algún día dieron vida al genio, y a esto que llamamos armonía universal.

domingo, 12 de junio de 2016

LA COLUMNA DEL STRIPPER - ¿QUÉ LEER?

LA COLUMNA DEL STRIPPER
Esteban Blandón


    Podría empezar por recomendar mi última lectura, o hablar de los géneros que son más afines a mi sensibilidad artística e intelectual.
    Es cierto que nunca recomiendo libros ni mucho menos autores, pero de un tiempo para acá, especialmente después de conocer a profundidad el género con el estoy seguro se convertirán en grandes lectores, y dada la concordancia de espíritu con algunos personajes a quienes he admirado, me he convertido en un frecuente lector de biografías.

    Pero antes de empezar, me gustaría formularos esta pregunta: ¿Qué debe contener un libro, o un autor, para que sea de nuestro total agrado? Arte y Vida, es lo que nos dirá el maestro Vargas Vila.

    Arte, es decir, capacidad para transmitirnos sus sentimientos y saberes, no solo en el sentido abstracto del término, y así, hacernos partícipes de sus cualidades como creador de mundos y mitos a través de la palabra.

    Vida, es decir, esa fuerza que lo empuja a materializar sueños y utopías, y ser como el espejo del destino, y no una decoración más en la vigilia del solitario en el a veces incierto trasegar por los parajes del conocimiento.

    Arte y vida deben conjugarse en el libro, y ser para el hombre un paisaje síquico en el que éste sea capaz de convertir sus quimeras en una realidad. Realidad que es posible gracias a la palabra. Porque es la palabra la que le da vida al pensamiento. Y el hombre, a través de ella, construye ese inmenso castillo donde deposita sus motivaciones y esperanzas.

    ¿Y de qué tamaño ha de ser la atalaya de nuestros sueños? Esta será del tamaño de nuestra imaginación.
    Entonces bien podríamos escoger para nuestra distracción de hombres-máquinas un libro de poesía, una colección de cuentos fantásticos o una novela romántica.
    Si lo que queremos es un texto con un contenido más profundo, un libro de pensamientos –los hay para todos los gustos y temas– será siempre una buena elección. Allí, como en el ensayo, encontramos expuestos los temas más diversos, desde el arte y la cultura, pasando por la filosofía, la política, hasta las ciencias y las humanidades.

    Ahora ¿Por qué leer una biografía?
    Yo diría que es el mejor género, además del más completo, para iniciarse como lector por una sencilla razón: todos, en algún momento de nuestra existencia, hemos sentido algún tipo de admiración por alguien o por algo. En el caso de los personajes, es una muy buena excusa para adentrase en su vida y despertar aún más nuestra admiración hacia ellos. En el caso de los temas, para profundizar en su conocimiento.

    Esto demuestra que no hay ninguna razón o excusa válida para justificar nuestra pereza como lectores. ¡Ah, y la televisión!, exclamarán algunos. Frente a esto no voy a decir nada, pero en cambio voy a exponer las bondades de la lectura frente a ese aparato que tanto eclipsa nuestra imaginación.

    Leer es la más placentera, eficaz y beneficiosa forma de meditación.
    Nuestro espíritu entra en comunicación con un universo de sensaciones tanto sensoriales como intelectuales.
    Somos el mejor receptor de una verdad exponencial, en la que nuestro entendimiento será siempre el mejor juez.
    Es la mejor manera de matar el tiempo antes de que el tiempo nos mate a nosotros. En esa lucha, nuestra capacidad visual, cognitiva y de comprensión, son los más beneficiados.
    Y lo mejor de todo, aprendemos a estar solos. El libro termina siendo nuestra más amada compañía en los momentos de insomnio, de soledad, ocio y hasta de hastío.
    Un libro será siempre el más incondicional de los amigos, pues es el único que no irrespeta nuestra intimidad.

    Con el paso del tiempo, irás madurando como lector. De eso dará cuenta vuestra necesidad de imponeros lecturas más diversas, temas más profundos, y la necesidad, casi imperiosa, de pasar más horas frente al libro.

    Y como le sucedió al autor del último libro que me he leído y del cual no les he compartido su nombre, quien según cuenta la historia empezó a escribir bajo la pregunta ¿Qué sé yo?, así mismo muchos de nosotros terminamos registrando nuestras impresiones en un diario o a la manera de ensayos como lo hizo el humanista y filósofo francés Michel de Montaigne. En la selección hecha por el gran escritor francés André Gide, nos encontramos con un Montaigne muy personal, que nos trasmite las impresiones de su diario vivir y quehacer especulativo, no sin antes dejar en claro que el suyo, es un libro de buena fe. Así, nos dirá, yo mismo soy el tema de mi libro, en el que de entrada nos comparte esta máxima: Filosofar es aprender a morir.

domingo, 5 de junio de 2016

LA COLUMNA DEL STRIPER. ¿POR QUÉ Y PARA QUÉ LEER?

LA COLUMNA DEL STRIPPER
Esteban Blandón


    Uno va pasando por la vida llenándose de sonidos, imágenes, experiencias, nombres, mundos y un sinnúmero de categorías que, si no son aspectos de afirmación en nuestra vida, por lo menos sí son una declaración de procederes en un universo hecho de palabras en donde no es suficiente la ley natural.

    Y por eso se hacen las leyes. El otro es la ley. A este nivel de desarrollo social que hemos alcanzado, no es absurdo creer en la verdad de este precepto. Ya no es suficiente la (mi) palabra. El verbo es la ley, nos harán creer las doctrinas monoteístas y los gobiernos políticos.

    Por eso las leyes morales (mandamientos religiosos) y aquellas llamadas políticas (estatutos de la constitución), serán las que nos disciplinen, a través de la palabra escrita, en nuestra conducta como ciudadanos.

    Con esto no quiero decir que una persona iletrada no sea un ciudadano, aunque en tiempos pasados no lo fuera a menos de que estuviera sometido a las leyes de un gobernante o un emperador. Lo que sí es cierto, es que la historia de los seres humanos que no tenían ningún acceso a la educación, empezó a ser otra una vez esta dejó de ser un privilegio.

    Y si bien el acceso a la educación hoy en día ha dejado de ser un privilegio, sí lo es el acceso a la cultura, de la que la sociología moderna nos dirá: cuando ésta se convierte en privilegio de unos pocos, envilece tanto como el oro. Desprecio que se hace más justificado en cuanto las masas están más distantes de ella.

    La pregunta es: ¿lectura es cultura?
    Hace poco un amigo me preguntaba por el Facebook que cómo hacía para entrar a la biblioteca.
    La idea que tienen muchos sobre este tipo de establecimientos, llámense bibliotecas, centros culturales o auditorios, es que el acceso es restringido y que se debe pertenecer a una categoría especial de ciudadanos para hacer uso de ellos. Volvemos al tema de los privilegios.

    Lo que si no es un privilegio, dada la facilidad con que se puede acceder a ella hoy en día, es la lectura, fuente primaria, por no decir que única, de conocimiento. Tampoco deseo que se me malinterprete. Nada hay en el mundo como el instinto natural, pero ese instinto hace ver a la gente iletrada, como bárbaros frente a las gentes cultivadas y civilizadas de la gran ciudad. Por ello resulta inconcebible que hoy existan pueblos primitivos. Ellos gozan de una libertad que no es ni siquiera una forma de anarquía, pues los rige la lógica de su naturaleza, instinto rebosante de sabiduría.

    Para responder a la pregunta anteriormente formulada, y sin desacreditar los canónicos libros de los que hago alusión algunos párrafos atrás, me siento en el deber de indicar su relevancia por encima de mis preceptos e ideologías particulares.

    Nada del Ateo ni del Anarquista; todo del compresivo en que me he convertido gracias a mi maestro. No sé si esto me convierta en un humanista. Pero así como propugno por el respeto a quienes aún conservan un estilo de vida primitivo, también es mi deber abogar por el derecho de aquellos que como seres humanos formamos parte de una sociedad educada y regida por nuestras propias leyes. Leyes que en nuestra existencia son un muro de contención de nuestras pasiones en un entorno donde la tolerancia es, y deber ser, una norma de convivencia.

    Por ese debemos instruirnos, bien sea leyendo la Biblia o una Constitución política; ellas son, en la disputa por nuestra independencia, la más valiosa de las victorias en un mundo regido por las leyes, sean estas de procedencia natural (instintiva) o lingüística (cultura humana). Leer para conocer las leyes, es decir, para aprender respetar al otro. Para saber a qué tengo derecho y a qué no. Y así poder hacer del verbo, como el sabio, un dios.

    Debo acotar que aunque se trate de los libros más citados, reverenciados o comercializados, son los menos leídos. Ellos nos recuerdan que en la vida siempre existirán las leyes: las de la naturaleza y las de la sociedad; de ahí su importancia. Pero bien podréis haceros discípulo de un filósofo epicúreo o un empirista lógico; ellos, dentro de la escala de valores que rigen nuestra conducta, serán en nuestra vida un prontuario, más sacrílego que reverente pero siempre inteligente, de cómo se puede conducir el ser humano por medio del placer y la reflexión.

    Probablemente no lleguéis a ser un filósofo a lo Dante Alighieri, un científico a lo Goethe, un poeta a lo Nietzsche o un historiador a lo Vargas Vila, pero será la única manera de no ser un prosaico y desheredado individuo en la intransigencia del lenguaje o la tiranía del pensamiento; El Pensamiento, que, como dice mi maestro, es todo el sistema vital de la humanidad.