domingo, 10 de julio de 2016

ROBERT ZIMMER – DAS PHILOSOPHEN-PORTAL – LA COLUMNA DEL STRIPPER

LA COLUMNA DEL STRIPPER
Esteban Blandón


    Recientemente me he encontrado con este libro, Das philosophenportal, (El portal de los filósofos) al que se ha titulado en español, Obras esenciales de la filosofía, del escritor y filósofo alemán Robert Zimmer.

    A primera vista, parece una antología de obras imprescindibles de la filosofía, por los autores y obras escogidas. En verdad, es más que eso, es la visión, muy aguda por cierto, de un filósofo profesional, cuya intención es acercarnos a la ideología de algunos de los filósofos más importantes en la historia del pensamiento universal.

    Por los obras seleccionadas, 16 en total, pareciera por momentos, y de manera casi premeditada, un libro concebido para duchos en filosofía; pero dada la amenidad de los ensayos y la extraordinaria agudeza con la que el autor interpreta la divergencia de pensamientos, opiniones, ideas y conceptos con los que los autores han enriquecido sus obras –lo que la hace aún más interesante– ésta se convierte en un texto capital aun para aquellos neófitos en el tema y que desean adentrarse en el maravilloso mundo de la ciencia del hombre y navegar por los intrincados mares de la retórica y la ampulosidad verbal con la que fueron concebidos muchos de estos tratados.

    Desde el estado ideal de Platón, hasta las modernas teorías sobre la equidad de Rawls, pasando por el misticismo intelectual de san Agustín, la ley de la razón de Locke y las verdades incuestionables de Wittgenstein.

    ¿Por qué Montaigne y Nietzsche son protagonista señeros de la filosofía moderna con unas obras que están más dentro de los presupuestos del ensayo? Cronistas del hombre moderno y sus inquietudes vitales, les llamaría un filósofo materialista. Substanciales representantes del romanticismo filosófico, exclamaría la filosofía idealista.

    ¿Qué puedo decir del elocuente Pascal y su brillante retórica filosófica? Exhortado hijo del cristianismo; la abnegación fue para él su única certeza… y su redención. Él representa la lógica al servicio de la ética. La moral es una ley.

    Kierkegaard mira hacia el cielo y ve el pecado original. Schopenhauer mira hacia la tierra y visualiza el infierno. Con Dios o sin él, el hombre no es más que una alegoría del cosmos.

    Heidegger concibe una metafísica de la filosofía hecha a base de enunciados especulativos. La palabra anuncia el ser.

    Así, entre la derivación lógica de Descartes y el conocimiento trascendente de Kant, señeros representantes de la filosofía política como Maquiavelo, Marx y Popper, nos ofrecen sus teorías que van desde la naturaleza y justificación de la autoridad, hasta algunos de los más extraordinarios tratados sobre la igualdad, la propiedad, la libertad y la justicia.

    Todo lo anterior dentro de un marco teórico, cuyo orden cronológico, es demostrar la evolución tanto del pensamiento como la manera en que nos hemos adaptado a esa evolución.

    El momento cumbre del libro es aquel en donde se le recuerda al lector que el hombre no es más que un filósofo idealista, según una visión del pesimista Schopenhauer.

    El hombre funda sus esperanzas en la perfección del universo que sueña; porque todo lo creado puede ser perfecto, así sea finito. Lo infinito no es precisamente lo perfecto; perfecto es aquello que concebimos y tiene un propósito concreto. El fin del hombre es el hombre mismo.

    La vida no son esquemas, ni aun las del pensamiento. Lenguaje es retórica: en lugar de hacérnosla más comprensible, nos ha complicado la vida; o no la hemos complicado.

    La experiencia del lenguaje no debe ser una aventura filosófica en donde se estén probando todo el tiempo los límites.

    Las leyes, tanto naturales como universales, se intuyen.

domingo, 3 de julio de 2016

CÓDIGO HOMOSEXUAL - LA COLUMNA DEL STRIPPER

LA COLUMNA DEL STRIPPER
Esteban Blandón


    Tal como sucede con la obra más importante del genio florentino Leonardo da Vinci, la Mona Lisa, cuyo código más complejo y emblemático sigue sin ser desentrañado, especialmente para quienes se niegan a reconocer en él su amor por los efebos, nos enfrentamos en pleno siglo XXI, y en Colombia, sí, el país, no del realismo mágico, si no, donde la realidad supera la ficción aunque al mismo monseñor Córdoba le cueste creerlo, a uno de los hechos más escabrosos que pueda albergar la mente humana, el homicidio con-sentido.

    Tal vez la única razón por la que el caso de los dos sacerdotes que se mandaron a matar tuvo tanta resonancia, sea el hecho de que se trataba de dos siervos de la iglesia, pero la razón por la que escribo este artículo es que esa extraña forma de morir dignamente como muy bien lo expresó la periodista que nos contó el caso, es -y aquí sí es difícil precisarlo- uno de los varios casos de suicidio asistido que se han presentado en el país y quién sabe en qué otros lugares más en el mundo.

    Ya en nuestra ciudad sucedió un hecho similar, pero el homicidio de la persona en cuestión, no pasó de ser un vil asesinato de los muchos que se cometen en contra de homosexuales, muchos de ellos por hallarse, y no siempre, en el lugar equivocado. En su caso, todo indicó que se trató de una víctima más de las muchas que a diario mueren asesinadas mientras los despojan de sus pertenencias. Por eso nunca se investigó cuáles fueron los móviles reales del homicidio, porque para la comunidad LGTB estaba muy claro que se trataba de un hecho de homofobia.

    Lastimosamente no fue así y sólo unos cuantos de los que lo conocían supieron realmente qué fue lo que pasó. Él, al igual que Rafael y Richard, también se mandó asesinar. Pero a diferencia de los sacerdotes, el joven asesinado no ocultaba su homosexualidad. Su único temor era que, por ser un personaje reconocido (diseñador de modas), las secuelas de la enfermedad (era VIH positivo) le pasaran factura. Aun para los portadores del virus, así ya no se mueran a los seis meses de ser diagnosticados como le sucedió a la mayoría de escritores y artistas en la década de los 80s y 90s, el estigma de la enfermedad y esas dolencias del alma, que algunos llaman del corazón, no dejan de atormentarlos.

    Crimen pasional u homicidio con-sentido. Los casos que así lo han hecho parecer en nada se asemejan a la manera como hoy en día algunos homosexuales se están quitando la vida. Pasolini, Joe Orton y hasta el mismo Felipe Pirela, sufrieron los embates del amor, o del desamor si es preciso, y pagaron con sus vidas, no con la humillante descomposición de sus cuerpos para fortuna de sus familiares, lo que el arte les negó. Hoy poco se sabe, o se habla, más bien, de esos crímenes, y es entendible. Lo cierto es que ser homosexual nunca fue tan humillante como en la era del sida. Y es que hay ocasiones en que no se sabe qué es más difícil, si ser homosexual, o tener que revelar la enfermedad mientras se hace pública la desordenada e irresponsable vida sexual de los portadores.

    Como sucedió con el caso de los sacerdotes, las verdaderas razones, por más que salgan a flote, siempre se quieren silenciar.

    Así como la sexualidad del ser humano es tan única como su huella dactilar, así sucede con su sique. Por esa misma razón, no era suficiente que se tratara de dos ciervos de Dios, sus vicios los condenaron y tal como sucedió hace dos mil años con Jesucristo, fueron dos mártires modernos dispuestos a dar la vida por sus pecados. Y tal como sucede en la novela de Safier, Jesús me quiere, este par de ministros se transformaron, igual que Joshua, en unos completos neuróticos. ¿Quién no acaba así -es la reflexión que hace el autor- con un padre (hace referencia a Dios pero en este caso aludo a la cofradía a la que pertenecen, la iglesia) tan dominante?

    ¡Que tenían un problema del corazón! Vaya que sí lo tenían. Si no estoy mal, creo que no dejaron nada escrito. Bueno, es muy obvio. Tampoco se trataba de dos adolescentes y sin duda, entre ellos, debió existir un pacto de amor.

    Estoy de acuerdo con el asesino cuando dice que les hizo un favor; pero la ley es la ley; y la realidad no dice más que la verdad, y la verdad, eso sí que lo saben los homosexuales, duele.

    Este es un homicidio inducido, inducido por los dogmas y preceptos morales.

Finalmente, son tan sólo dos víctimas más de la impiedad con la que vive y juzga el hombre.

    Deseo terminar este artículo con una frase de Fernando Molano quien en su novela póstuma Vista desde una acera, (seix barral - 2012) nos dice: “Ya que no vendrá el futuro que esperábamos, al menos podríamos despedirnos de él sin que nos humille la tristeza”. Más adelante agrega: “La madurez es una muerte porque a ella arribamos sin nuestro cuerpo…la erotofobia es el súmmum de la eficacia educativa…ninguna fobia social es inocente”.