domingo, 9 de abril de 2017

JUAN DE DIOS URIBE: SEMANA SANTA


LA COLUMNA DEL STRIPPER
Esteban blandón

JUAN DE DIOS URIBE


     ¡Qué ironía! Y lo digo, porque creo que más de uno estará pensando que les voy a hablar de un santo. Pero no. Se trata del panfletario de Colombia Juan de Dios Uribe. Antes de continuar con este ensayo, me gustaría que leyeran el siguiente fragmento de un artículo titulado Semana Santa y que apareció publicado en el periódico La Actualidad en 1884:

     Después de los trescientos sesenta días corridos desde abril de 1883, vuelve ahora la semana suculenta de los sacerdotes. No es suficiente que cada iglesia tenga veinte santos, que cada santo tenga mil devotos, y que cada devoto dé a los curas la contribución de su ignorancia en forma de pesos y de víveres; es preciso todavía que haya una semana más productiva, mejor dotada, en la cual nadie pueda, de esta o de la otra manera, evitar que el bolsillo repleto pase a la faltriquera de los ministros del altar. Estamos en plena semana santa: ¡hurra por el adelanto!

     ¿Qué se celebra en estos días? La pasión y la muerte de Jesucristo, se os dirá; y observad que se sienten tanto las penas de Jesús, que es, ahora mismo, cuando ellas se conmemoran, cuando los comerciantes venden sus telas más preciosas y más caras, y los dueños de cantinas sus más exquisitos licores, las jugosas carnes y pescados, y las más sabrosas conservas de las fábricas de Europa. Es ahora cuando los vasos de cristal, de porcelana y de alabastro se llenan en las salas con las flores de matices más vivos. Se diría que nuestra sociedad, alegre, se prepara a bailar de contento, y que agradece mucho a los judíos que crucificaron a Cristo, el hermoso pretexto que le dieron al tiempo para estar de buen humor.

     Juan de Dios Uribe, como os habréis dado cuenta, no es un santo, pero tampoco es una ironía; lo que sí es cierto, es que la literatura también cuenta con su propio santoral; y no lo digo por aquellos llamados escritores católicos que han pululado en Francia desde que Francia tiene historia; lo digo por aquellos místicos de la palabra, peregrinos de los absoluto, y que han sido canonizados en nombre de su rigurosa fe.

     Para los que me conocen, saben que yo siempre le rezo al mismo santo, esa otra ironía llamada José María Vargas Vila; por eso no resulta inapropiada la ocasión para invocarlo. Por allá en el año 1966, Arturo Escobar Uribe nos recuerda el año de su canonización, y lo inmortaliza en su biografía El divino Vargas Vila. En esta semana hallo un motivo más para volver a alumbrarlo.

     Juan de dios Uribe ha sido llamado, y con justa razón, el panfletario de Colombia; pero ha sido injustamente ignorado por quienes han escrito la historia del pensamiento en Colombia, y ni siquiera existe para los comentaristas dedicados a hacer monografías de literatura.

     Con respecto a su obra, solo tengo que decir que, leyendo sus artículos, se da uno cuenta que no solo es un gran periodista sino también un gran exponente de eso que Arango Ferrer llamó el ensayo breve.

 
     Además de ser una ironía eso de que un panfletario anarquista y ateo se llame de Dios, no sé si sea también una desgracia eso de llevar el apellido Uribe, en este, que no es un país de ironías sino de ironistas. Mientras Montalvo, Fombona y Ugarte eran un terror casero, Vargas Vila era un azote continental, dice Escobar Uribe en su biografía. No sé si lo mismo hubiera podido decirse de Juan de Dios Uribe, quien murió recién cumplidos los cuarenta años; había nacido en 1859, un año antes que Vargas Vila, quien para el año en que muere quien fuera uno de sus amigos de luchas ideológicas, 1900, ya se había ganado el reconocimiento de todo un continente; el mundo, era testigo del nacimiento de uno de los escritores más controvertidos e irreverentes que haya producido el mundo de la literatura. Ningún escritor se le asemeja en indignación, elocuencia y sarcasmo; sus campañas contra el clero, el pensamiento político conservador y sus ataques contra el imperialismo yanqui, hicieron de su franqueza una de las voces más heroicas de cuantos proclamaron al mundo su amor por la justicia y la libertad.

     Es cierto, Juan de Dios Uribe no escribió novelas, y no se sabe si las hubiera escrito, de haber vivido algunos años más, como las escribió Vargas Vila, quien se hizo narrador y un escritor inmensamente popular gracias a sus novelas de combate. Novelas ensayo les llamo yo; novelas de ideas algunos ensayistas; novelas de tesis los pontífices de la crítica. Lo cierto es que para el panfletario de Colombia, al igual que para Mariano José de Larra en la España de la primera mitad del siglo XIX, el periodismo no fue un simple ejercicio literario; también fue la tribuna para darse a conocer como hombres de letras; lo que no es crónica, es ensayo; lo que no es cuento, es costumbre; lo que no es ciencia es filosofía; lo que no es estética es poesía; lo que no es insulto es ironía; lo que no es política es historia; y lo que no son los otros, lo son ellos.

     Con respecto a Juan Montalvo, solo un hombre en América se le asemeja en indignación; ese es José María Vargas Vila; mientras el uno es más ensayista, el otro es más filósofo. Los dos, soberbios escritores políticos. A Vargas Vila se le da más el arte de injuriar, a Montalvo de novelar. Los dos, grandes imitadores; Vargas Vila imitó todas las escuelas; Montalvo se hizo de Cervantes su más grande imitador. A todos los que como ellos fueron grandes críticos sociales, los conservadores y oportunistas los llamaron jacobinos, socialistas, nihilistas, petroleros, anarquistas, materialistas y ateos. Esteta, egotista y decadente, fueron otras de los conductas que hicieron de Vargas Vila un panfletario muy singular.

     Todos, incluyendo al Indio Uribe, fueron influenciados por las modas literarias europeas y todo lo que aún se comentaba sobre la Revolución Francesa en esa época de fin de  siècle.

     Decir que mantener vivo a Stendhal es mantener viva la imagen de Napoleón –en términos literarios– es más que una verdad, una necesidad. Y así ha sobrevivido la imagen tanto de los héroes como de los villanos; tanto Victor Hugo el panfletario, como Napoleón tercero le petit.

     Bierce en Estados Unidos, Bernard Shaw en Irlanda, Unamuno en España, Kraus en Alemania, Papini en Italia, Maiakovski en Rusia, y hasta Oscar Wilde y su refinado gusto por la paradoja, eran escritores polémicos que fácilmente alcanzaban con sus sátiras y elocuencia la categoría de panfletarios; pero tal vez ninguno más extravagante, amoral y ofensivo que Vargas Vila. En todos, sorprende sus grandes dotes como historiadores y sociólogos y aun como narradores, pero ninguno, sin la irreverencia del panfletario colombiano.

     Vargas Vila, al que un filósofo latinoamericano lo hubiera llamado, El Voltaire americano, de haber existido ese filósofo. Pero insisto, en cambio hemos tenido grandes sociólogos y ellos son nuestros filósofos.

     Como es el caso de Carlos Arturo Torres, Luis López de Mesa y Fernando Gonzales en Colombia; autores que están más cerca del ensayo sociológico que de la misma filosofía.

     Ellos han sido un preámbulo, además de un ejercicio, para abordar la obra del Indio Uribe.

     El Indio, que a partir de este momento, empezará a ocupar el solio que ya otros tantos luzbeles han ocupado en el paraninfo celestial, entre ellos, el divino Sade, san Genet, y su hermano compatriota, El divino Vargas Vila.

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