sábado, 28 de octubre de 2017

EL ARTE DE VIVIR SIN LEER – LA COLUMNA DEL STRIPPER

LA COLUMNA DEL STRIPPER
Esteban Blandón


     Hay un universo más vasto que el de los libros y es, el de la imaginación.
     También hay quienes carecen de curiosidad, aquella de la que se alimenta el espíritu inquieto de aquellos que han consagrado su vida a la lectura.
     Si por casualidad algún día te encuentras un libro tirado en el camino, que no te pase como a la hermosa doncella del cuento que os voy a narrar.

     Una vez una hermosa doncella, a la que todo el mundo temía por ser la nieta de una misteriosa anciana con aspecto de bruja, se encontró por el camino que conduce hasta el viejo, pero bien conservado castillo donde vivía con su abuela, un antiguo libro meticulosamente sellado, en cuyo lomo, hecho de un fino cartón, se leía: El arte de vivir sin leer.
     –Debe habérsele caído al bibliotecario del pueblo pensó la doncella, tras haberlo tomado en sus manos–; apenas tenga tiempo, me dirigiré hasta el pueblo y se lo regresaré; y diciendo esto, lo guardó en su canasta y continuó su camino. Una vez llegó al castillo, y tras ser interrogada por su abuela sobre las novedades del camino, le extendió el libro, que la abuela tomó en sus manos como si le devolvieran una preciosa joya recientemente extraviada.
     –Ok, ya puedes retirarte –le dijo a la doncella, con la misma naturalidad con la que le daba el beso de las buenas noches.
     –¿Y el libro? –fue todo lo que alcanzó a mascullar la joven, que no salía de su asombro ante tan precipitada despedida.
     –Yo me encargaré de hacer que regrese de nuevo a la biblioteca del pueblo –fue la sorpresiva respuesta de la anciana.
     Tres semanas después del acontecimiento del libro, la abuela fallece. La doncella, mientras organizaba los enseres de su benefactora, encuentra en uno de sus baúles el misterioso libro, que continúa sellado. Sorprendida, decide contarle lo sucedido al párroco del pueblo. Este la previene contra el libro, contándole la historia de un antiguo manuscrito extraviado de la biblioteca municipal y del que se temía, había ido a parar a las manos de una malvada bruja hace más de doscientos años. “Este contiene todos los secretos del mal, le dice; si lo lees, conocerás la maldad, la lujuria, la envidia, el odio y la vanidad. Es así como la doncella se olvida del libro. Muchos años después, mientras la nostalgia revolvía viejos recuerdos de su mocedad, lo encuentra en el mismo baúl donde lo había dejado abandonado a su suerte. Esta vez, y sin consultarlo con nadie, decide abrirlo. Al siguiente día, el día de su cumpleaños número ochentainueve, amaneció muerta en su cama.
     Cuenta su joven nieta, que la noche anterior, la lámpara que siempre apagaba religiosamente a las nueve de la noche, había permanecido encendida hasta pasada la medianoche. Ya, al amanecer, según le ha narrado al joven cura del pueblo, la ha encontrado, pálida, helada, con los ojos cerrados, y un libro sobre su pecho; y que las páginas de éste, estaban en blanco sin ninguna señal de haber albergado escritura alguna en su interior.
     A pesar del hermetismo y la prudencia con la que se realizó el sepelio, tanto en el castillo como en el pueblo, circuló el rumor de que dicho libro estaba embrujado.
     Ante esto, e ignorando tanto la historia del libro como haciendo caso omiso sobre los rumores de los que fue objeto, la joven decide conservarlo. Ahoya yace abierto sobre un hermoso atril a la vista de quienes visitan el castillo. Sobre una de sus páginas, que nadie se atreve a tocar, se lee lo siguiente:

Cuando mires al cielo, no olvides que en una de las
cien mil millones de estrellas que hay en el firmamento,
un universo imaginado, se está haciendo realidad.

     Así ha sobrevivido por más de doscientos años intocable, incorrupto, sagrado; bendecido por esa divinidad a la que llaman misterio.

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